Hay algo sorprendente al momento de escuchar una canción. Algunas veces solemos decir: me gusta tal tema porque me identifico con lo que dice. Sucede que en otras tantas veces el autor no quiso decir lo mismo que hemos "entendido".
Creo que nos podemos llegar a dar cuenta en la mayoría de las canciones más populares (por llamarlas de alguna forma).
No escucho lo mismo yo, que la persona que se encuentra a mi lado. Y hasta quizá, el cantante tampoco esté diciendo todo (o parte) (o nada tal vez) de lo que a mi me parece que está diciendo. Esto se debe, de alguna forma, a la subjetividad que se encuentra en todos nosotros. Esa subjetividad construida a lo largo de nuestra historia. Esta última se encuentra llena de experiencias agradables y de disgusto; de formación académica o de aprendizajes cotidianos, de vínculos, y de muchas otras cosas más.
Retomando la idea, a la hora de escuchar se pone en juego nuestra historia en sentido de que la usamos en la experiencia auditiva. Por ejemplo: si yo me formé en un conservatorio mi escucha de una canción va a ser de forma estructural (tonalidad, tiempo, cualidades del sonido, etc.)
Está en nosotros aceptar que cada uno es único y que hay cosas similares, pero que no nos hacen totalmente iguales.
Por eso, no comparto la idea de un folclore "tradicional" y uno "moderno", o un intento... o algo por el estilo. Aquí lo similar sería que hacemos/escuchamos y gustamos de la música folclórica, y lo particular y único es nuestra interpretación/ejecución y manera de escuchar el folclore.
Nuestra música es maravillosa, sólo hay que tener predisposición para oírla.
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